"Bienvenido Invierno!"

31 julio 2013

HISTORIAS DEL PUEBLO

Pues resulta que un día de Mayo, de este año, podría ser el día quince, por la tarde, no recuerdo bien la hora, bueno, alrededor de las seis aproximadamente, iba dándome un paseo por la carretera del pueblo, dirección a Villafruela.

Al llegar al puente del Valle de Valandrino, vi por la ladera de este valle, la que queda a la izquierda según se mira, un zorro que iba “desternillándose” de risa, con una cara zorruna que no podía con ella y no hacía más que mirar hacia la huerta de Pepe. Movía la cabeza con ese gesto de inteligencia que tienen los zorros, como diciendo: Ay, la que te espera, Pepe, pero cómo me lo pones tan fácil?.

Yo ni idea tenía de lo que hacía por allí el zorro. Bueno, pensaba que se estaría dando un paseo tranquilamente, esperando encontrar algo que comer.

Tampoco tenía idea de que ese mismo día el bueno de Pepe había traído unos pollos, pequeños claro, para criarles y poder como todos los años comernos uno o dos en la bodega para almorzar.

De cualquier manera no pasaron muchos días hasta que me pude explicar por qué el día de mi paseo el zorro se ”desternillaba” a reír; el mismo día que Pepe compró los pollos y les dejó en el corralito que tiene en la huerta, no cerró bien y el zorro aprovechó para entrar y merendarse cuatro de los pollos, a pesar de las voces que Pepe daba desde el nogal en el que estaba a la sombra.

Malas lenguas me dijeron días después que el zorro marchaba no muy de prisa pero “descojonándose” a reír (perdón por la palabrota, así lo pongo porque así me lo contaron): ya volveré dentro de unos días, parece que iba pensando, y le aminoraré algún pollo más para que no se gaste mucho en pienso.

Y ahí empezaba el problema de Pepe: algo tenía que idear para que el zorro no se saliera con la suya. Mientras él estaba allí no había miedo, pero claro no podía estar las veinticuatro horas del día.

Ya tengo la solución, pensó Pepe: hago un “pericopajas” poniéndole vestido casi como voy yo, con sombrero, gafas de sol, cachavo en la mano y sentado en una silla como que está haciendo guardia y de seguro que si el zorro vuelve a bajar se asustará y marchará pitando.

El resultado ha sido este hermoso guarda, no se si jurado o no, que por lo visto cumple a la perfección con su cometido.


Yo mismo he vuelto a ver al zorro por la ladera del valle de Valandrino. Ya no va con esa risa zorruna con la que iba antes, va pensativo, desmadejado, con la mirada baja y creo que va pensando que con un humano allí las 24 horas del día él ya no puede hacer nada. De nada le sirven para alegrarse las hermosas vistas de la vega: 


ni los pinos del Valle de Valandrino, que están realmente hermosos, sigue vagando cabizbajo y meditabundo, con sus pensamientos zorrunos que poco tienen que ver con los humanos,


Esperemos que los pollos lleguen a buen término y les podamos probar en la bodega.

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