"Bienvenido Invierno!"

23 mayo 2014

CUENTOS DE LA INFANCIA (por Moisés)

M  oisés Rodriguez (hijo de Argimiro, el que fuera el           carpintero del pueblo durante muchos años) nos remite este cuento que recuerda de cuando él era niño y que trascribimos a continuación, tal y como él nos lo ha contado:

En las tardes de aquellos días largos de invierno, fríos y nevados, entonces nevaba como Dios manda, una de mis principales obligaciones, al salir de la escuela, consistía en ir al taller donde trabajaba mi padre, recoger las herramientas y colocarlas en su sitio correspondiente, hacer los deberes escolares que nos mandaba el maestro o los que me ponía mi padre y, hecho eso, ya me podía ir a jugar a la calle con los demás chicos.

En el taller siempre había gente. Unos, arreglaban cualquier apero de labranza, otros, arreglaban y comentaban la actualidad, sentados alrededor de la estufa donde se quemaban las virutas, el serrín, alguna que otra astilla o la paja que alguien de vez en cuando traía.
Uno de los tertulianos, hombre bueno, recto y de exquisito trato, repasaba la cuenta que mi padre le había entregado por algún trabajo que le habría hecho y, en éstas estaban cuando dijo: “No creo que me estés intentando colar la docenica del fraile. Vamos a repasar la cuenta.”

Aquella frase se me quedó gravada y calmada la tempestad y en un aparte le pregunté a aquel buen hombre qué había querido decir con aquella frase y él me contestó:

“Sabemos que la palabra docena se refiere al conjunto de 12 cosas. Sin embargo, para referirse al número 13 se emplea dicha frase, la cual alude a aquel que busca un mayor beneficio para sí que para los demás o al que toma más de lo que dice querer. Su origen se atribuye al fraile que fue a comprar huevos y le dijo a la dependienta: “Quiero una docena de huevos, pero como son para diferentes personas, me los vas a poner por separado. Para el abad me pones media docena; para el padre prior un tercio de docena; y para mí, sólo, un cuarto de docena”. Es decir, que separó la mitad de doce, o sea, seis huevos; después un tercio de doce, cuatro huevos; y finalmente un cuarto de doce, tres huevos. En total sumaban, como puede verse, trece huevos. 6 + 4 + 3 = 13. Con prontitud el fraile pagó la docena y se llevó, en cambio, trece huevos. 
Cuando marchó, la huevera, que en cuestión de huevos entendía un rato, algo mosca, hizo las cuentas, y vio que el pícaro fraile la había engañado. Al cabo de una semana volvió el fraile a la huevería con el mismo cuento y ella, la moza, le estaba esperando y al despacharle le espetó: “Señor fraile, le pongo justa la docena de huevos y por el camino ya hará usted el reparto”. Se ve que la zagala, aparte de lista conocía el dicho, ése que dice: “Si me engañas una vez la culpa es tuya, pero si me engañas dos veces, entonces, la culpa es mía” 

Hasta aquí el cuento. No me lo contó con estas palabras pero la historia era más o menos la misma. Existe otro cuento, que también oí contar a la gente del pueblo sobre el reparto de una herencia de once mulas entre tres personas proporcionalmente a un medio, un cuarto y un sexto y cuya explicación dejo para otra ocasión.

Toda esta historia me da pie para hacer un comentario sobre el admirado número 12 y el sistema de numeración duodecimal que tanto se usó y se sigue usando actualmente.

EL ADMIRADO NÚMERO 12. USO DEL SISTEMA DUOCECIMAL. 

El sistema duodecimal se usó en España para contar hasta 1871 que se adoptó el Sistema Métrico Decimal. 

Era habitual usar fanegas que contenían doce celemines, o libras de doce onzas, un año tiene docen meses, el día tiene dos veces doce horas. Doce también fueron los Apóstoles, las Tribus de Israel, los signos del zodiaco. 


El doce sigue estando hoy vigente en pulgadas y millas, en todo el sistema horario y en las muchas cosas que se venden por docenas o se adocenan en los almacenes, es decir se embalan o empaquetan por docenas o medias docenas. El verbo adocenar cambió de significado para pasar a significar que alguien se vuelve mediocre, vulgar o de muy escaso mérito. Y con los doce puntos del carnet de conducir el doce vuelve de nuevo a la más rabiosa actualidad. La Dirección General de Tráfico apostó por el sistema duodecimal. 

La docena fue, durante mucho tiempo, uno de los sistemas de medida. Era una medida de fácil fracción, lo que permitía comprar media docena, un tercio de docena, una cuarta de docena y hasta una sexta; lo que nos proporcionaría seis, cuatro, tres y dos huevos. Se pueden seleccionar media decena de huevos, pero ¿cómo haríamos para seleccionar un tercio, un cuarto o una sexto? ¿Rompiendo los huevos? Frente a la precaria descomposición del 10 = 2 x 5 está la riqueza de factores del 12 = 12 x 1 = 6 x 2 = 4 x 3, lo que permitía que en  la antigua vara de medir dividida en 12 partes iguales quedaran marcadas las fracciones: 1/4, 1/2, 3/4, 1/3, 2/3 y tratándose de medir, las operaciones de dividir por mitades o por terceras partes, son esenciales en la práctica. 


Platón fue un ferviente admirador del número doce por estas razones. En geometría el doce aparece en algunas figuras y propiedades espaciales. Sin despreciar el polígono de doce lados, dodecágono, resplandecen con luz propia el cubo y el octaedro con doce aristas cada uno, el dodecaedro con doce caras pentagonales y el icosaedro con doce vértices. Parece que el doce tiene especial relevancia en el mundo de los poliedros regulares. También el rombododecaedro con sus doce caras rómbicas y su capacidad de llenar el espacio se apunta a la doce-manía. Destacar finalmente que si una circunferencia puede ser tangente a seis circunferencias iguales que la rodean, al saltar al espacio una esfera, ésta puede tocar a la vez a doce esferas idénticas colocadas a su alrededor, donde cada una toca a la central y a cuatro más. 

No pretendo aburrir con este escrito, simplemente lo hago para estimular la curiosidad de la gente, hacer ver que la historia de las matemáticas es amena y porque, después de casi toda una vida dedicada al estudio y a la enseñanza de las mismas, es lo que mejor se me da para escribir.



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