"Espinosa de Cerrato (Palencia)"

10 noviembre 2013

EL VINO ARTESANO QUE HACEMOS EN ESPINOSA

Pues sí, ya llevamos unos cuantos años haciendo vino en Espinosa.

Y ello por varias razones: no queremos que se pierda esta tradición (conocida es la tradición del vino en el pueblo, y ahí están todas las bodegas que hay, bien es verdad que unas cuantas hundidas y la mayoría sin vino, pero en tiempos pasados todas las familias tenían su bodega y hacían sus cántaras de vino). Otra de las razones es porque nos lo pasamos muy bien haciéndolo, nos gusta aunque cada año que pasa como que nos cuesta un poco más hacerlo, digo yo que será por los años. Y la tercera razón es porque nos queda un vino muy bueno, es una delicia beberlo, completamente natural y aunque te pases un poco bebiendo, cosa que no sucede, nunca te da dolor de cabeza, como otros que yo me sé.

No entraña mayor dificultad conseguir buen vino, a este nivel casero, teniendo en cuenta dos premisas; una utilizar buen fruto, buena uva, y la segunda hacer todo con muchísima limpieza Todo empieza a finales de septiembre o primeros de Octubre, como este año que ha venido un poco retrasado. Cuando el que nos sirve la uva nos llama diciendo que la trae, el día anterior o dos días antes, se lava la lagareta, dejándola como se dice como los "chorros de oro".

La uva que nos traen la descargamos en la lagareta y con paciencia la damos la primera pisada, y se la damos a conciencia, hasta que el mosto que sale dificulta ya el seguir pisando. Una vez terminada esta primera pisada lo dejamos reposar en la lagareta tres o cuatro días, para que el vino salga, eso dicen, y así debe de ser, más “cubierto”. Pasados estos tres o cuatro días, las cubas bien limpias, la pila donde caerá el mosto bien limpia, empezamos a sacar el mosto.
Lo repartimos por igual en todas las cubas que pensamos llenar, es decir, no llenamos primero una cuba y después pasamos a la siguiente, sino que echamos dos o tres calderos en cada una, y así las vamos llenando pues no es lo mismo el primer mosto que sale que el que va saliendo a medida que se la pisando o el que sale cuando posteriormente se pone la prensa. Y así lo vamos echando hasta que ya no queda más mosto. Prácticamente de acuerdo con los kilos de uva utilizados se sabe las cántaras de vino que se van a conseguir. No suele fallar, cada 22 o 23 kilos de uva sale una cántara (16 litros).

Lo más laborioso resulta una vez que lo dejamos de pisar y hay que prepararlo para poner la prensa, y digo que es lo más laborioso porque hay que preparar bien la base, para que cuando actúe la prensa no se desmorone todo.

Hay que tener paciencia y en esto el amigo Miguel se supera cada año, con la pala, las manos para presionar y preparar la base y el hacha para cortar bien las paredes de la misma. Y como cada año lo hace mejor, Eutimio y yo nos ponemos a sus órdenes y lo que él diga.

No termina aquí el trabajo. El orujo ya prensado lo recogemos en cubas de plástico para otros menesteres, y por supuesto sigue la limpieza: la lagareta, la pila, los utensilios utilizados, los maderos de la prensa, todo hay que dejarlo limpísimo, al menos como estaban antes de utilizarlos, pues para el año siguiente tienen que volver a hacer la función que tienen encomendada.

Ni que decir tiene que la limpieza alcanza a los cubos que utilizamos para echar el mosto a las cubas, las botas de goma con lo que lo pisamos, es decir, limpieza, limpieza y limpieza.

A partir de ahora a vigilarlo cada día para ver si empieza a hervir el mosto y con qué intensidad lo hace, pues la calidad del vino depende mucho de esta etapa. Ha habido años que hemos tenido que ayudarlo a empezar a hervir poniendo calor en la bodega. Esta etapa la vigila Eutimio y su buen hacer yo creo que influye mucho en la calidad del vino. Bueno, yo también influiré algo en la calidad del vino, digo yo, de hecho me han nombrado enólogo de esta bodega. Bendigo cada cuba, y a cada una de ellas las animo de todo corazón a que nos hagan el vino mejor que el año anterior, charlo con ellas, las cuento algún chiste, y no os lo creeréis pero hay veces que como que me parece a mí que se echan unas risas.

Siempre al hervir el mosto se suelen manchar las cubas. Una vez terminada la fermentación se limpia bien todo y a esperar a que se cumpla el refrán: “Por San Andrés (30 de Noviembre) el mosto vino es”.

Dos trasiegos posteriores, uno a primeros de Diciembre y otro a primeros de Febrero, dejan el vino preparado para poder empezar a disfrutar de él.

Es una auténtica delicia beber vino natural, sin ningún aditamento, sin ninguna química. Con la experiencia que vamos cogiendo cada año nos sale el vino mejor, pero, claro, esto tiene un peligro, si este año no nos sale mejor que el anterior ¿debemos pensar que estamos empezando a fallar?. No, en el peor de los casos, si esto sucede diremos que ha sido culpa de la uva, que no era tan buena como el año anterior, y seguiremos ilusionados y convencidos que para el siguiente nos superaremos.

Y yo, Jota, decir que valga esta entrada de homenaje a mi padre Aniano, a Miguel y a Eutimio, por la dedicación, ilusión y entusiasmo que año tras años ponen en hacer su propio vino, bien para disfrutarlo, bien para que no se pierda la tradición o bien por el hecho de quererse superar cada año.... pero que sigan considerando esos días, días de alegría, de entretenimiento y de disfrute, haciendo lo que les gusta, a pesar de lo trabajoso y laborioso que es.


1 comentarios :

Isabel Ana Mercado dijo...

maravilloso el vino de Espinosa, al menos el que probé estaba exquisito !

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