"Espinosa de Cerrato (Palencia)"

19 enero 2016

BARES EN ESPINOSA DE CERRATO

Vamos a tratar de plasmar en una serie de entradas que iremos publicando, los distintos establecimientos como bares, comercios, herrerías, carpinterías, etc. etc., que han estado funcionando en Espinosa de Cerrato y de los que ya solamente queda el recuerdo, y en muchos casos por no decir en todos, ni el más mínimo resquicio de que tales establecimientos existieron. Que sirva esta entrada para que, los que ya vamos haciéndonos mayores, poder recordarlos, y para los que no los conocieron, dar una pequeña referencia de cada uno para que tengan conocimiento de ellos e intentar, mediante este escrito, inmortalizarlos en nuestro recuerdo si ello es posible.

Empezaremos por los bares, de lo que yo recuerdo desde que tenía seis o siete años e incluso de algunos anteriores a esos años por haber oído comentar que existieron.

1.- El bar o cantina del señor Eulalio y de la señora Servilia
Qué recuerdos guardo yo de este local, quizás por ser el mas cercano a la casa de mis padres, donde pasé mi infancia, concretamente en la calle Pedro Martínez (así nos sirve también un poco para conocer el callejero del pueblo). Aquí vi por primera vez los pellejos, grandecitos, llenos de vino, que tenía en el portal. Más de uno nos daría, cuando ya estaban viejos, para poder quemarles el día de la pez y con los que recorríamos todo el pueblo.
Guardo en mi memoria fotográfica el interior de la cantina: nada más entrar y a la derecha, ocupando todo lo ancho de la habitación, estaba la barra o mostrador en el que también vi por primera vez el dispensador de aceite, con una especie de manivela a la derecha que aspiraba el aceite del barril colocado debajo del mostrador y que después vertía en la botella o recipiente que se llevara. A la izquierda una mesa larga de madera, bancos de madera y taburetes igualmente de madera. En esta mesa los mayores jugaban la partida a la brisca, se jugaban un porrón de vino, y aunque el valor del mismo era muy pequeño, las voces con las que defendían la partida daban la impresión de que el valor de lo que estaba en liza tenía que ser muy grande.
Al entrar tenías que esperar unos segundos de adaptación debido a la nube de humo de los cigarros de cuarterón hechos a mano que se estaban fumando y que alguien en plan divertido decía que eran de la marca “Guitarra” pues quien los fumaba estaba constantemente con la mano derecha sacudiéndose la pechera por las “estacas” encendidas que caían sobre la camisa u otra prenda, para evitar que se quemaran.



Os pongo algún recuerdo más que me trae este bar: también compraba huevos. Muchos jóvenes birlaban algunos huevos a sus madres, cogiéndoles del nidal (en Espinosa nial) y se los llevaban a venderlos a este bar con lo que sacaban unas perrillas, pocas, para los vicios que tenían, pocos también. Tendría yo unos seis años y mi hermano Luis, mi primo Apolonio y mi primo Eulalio me dieron media docena de huevos diciéndome: toma, majo, pásate a venderlos donde el señor Eulalio. Yo más contento que unas pascuas pasé y me encontré al señor Eulalio en el portal y le dije lo que me habían dicho mi hermano y mis primos. Yo veía que cogía con la mano derecha el huevo, lo meneaba un poco cerca del oído, después lo miraba al trasluz, lo dejaba y repetía la misma operación con el segundo huevo. Yo, a pesar de mi corta edad, presentí que la cosa no iba muy bien pues la cara que estaba poniendo no era de amigos precisamente y al repetir la operación con el tercer huevo, justamente cuando bajaba el brazo de verle al trasluz, dijo una palabrota y me le lanzó. Aún hoy mismo después de tantos años no logro explicarme cómo le esquivé. Lo cierto es que salí del portal como una centella, llorando, el huevo quedó estrellado en la pared de la casa de enfrente, y mi hermano y mis primos riéndose a mandíbula caída pues los huevos estaban todos hueros y a esa edad yo desconocía lo que era eso. La conclusión que saqué es que por el genio que demostró el señor Eulalio no era la primera vez que le querían meter gato por liebre.

2.- El bar o cantina que primero regentaron Jerónimo y Juliana y pasados unos años Amadeo y Lorenza, que además pusieron también un poco de ultramarinos. Estaba, bueno sigue la casa habitada por Amadeo y Lorenza, en la calle La Redonda, justamente enfrente del antiguo Ayuntamiento y de la carnicería de Claudiano a la que más adelante haremos referencia. Era también parada obligatoria cuando los jóvenes hacíamos la ronda de vinos por los distintos bares.


3.- Siguiendo por la calle Redonda y a la derecha hubo otro bar, que estuvo unos años abierto y que regentaba Dositeo Cejudo. Los recuerdos que tengo del mismo son bastante vagos y no sé si porque yo era muy pequeño cuando lo abrió y porque ya me había ido del pueblo a estudiar fuera.

4.- Un poco más abajo, en la misma calle y a la izquierda estaba el bar de Timoteo y de Victoria. (Existe en la actualidad el edificio pero solamente como vivienda). Los jóvenes le conocíamos más como el Bar de Roquito (por supuesto dicho con todo el cariño y no creo que se moleste nadie). Tenía el bar a la entrada a la derecha, en una habitación grandecita, el mostrador o barra a la izquierda nada más entrar y mesas de madera, unas cuantas. Y en la planta de arriba otra habitación donde, sobre todo los domingos jugábamos la partida, al mus, al subastao, a lo que fuera.


Los recuerdos que yo conservo, pero muy vivos, de este bar son apoteósicos: en la planta de abajo lo que era el bar, celebrábamos, cuando ya estábamos un poco metidos en harina, como se suele decir, o mejor oficiábamos una “misa” muy especial. Actuaba como oficiante Eleuterio (y dicho también con todo el cariño, el Aceiterillo o el Alcalde de Pajarejos) y como monaguillo Domitilo Pascual (El Sapillo). La “misa” se oficiaba toda en un exquisito latín, lo poco que las risotadas dejaban oír, pero el oremus, el benedicat, el introito y demás palabras eran no solo puro latín sino el latín culto. La ceremonia no duraba mucho de lo cual nos alegrábamos pues el dolor de pecho producido por las risas estaba más que asegurado. Qué pena no disponer de algún video donde, los que no lo visteis en directo, lo pudierais ver ahora.

Por las tardes se preparaban las partidas de la brisca. Las voces que se daban defendiendo las jugadas eran tremendas y no os digo nada de los mecagüen. Lo he contado muchas veces cuando han salido en conversaciones estos recuerdos, pero no me resisto a contarlo también aquí. Tales debían ser las voces que daban que mi madre las oía desde la casa de mis padres. Yo era pequeño y por la noche quizás porque tenía hambre la decía a mi madre: madre podíamos ir poniendo la mesa para cenar y mi madre me decía: espera un poco que es muy pronto todavía, tu padre tardará todavía un rato. Al poco tiempo yo veía a mi madre que empezaba a poner la mesa y la decía: anda cómo pones la mesa si todavía no ha llegado padre?. Pero ya no tardará nada, decía mi madre, no ves que ya no se oyen voces donde Roquito, eso es que ya han terminado la partida. Y era matemático, al poco oía subir a mi padre por las escaleras.

Podía escribir un libro con las anécdotas que recuerdo ocurridas en este bar. Solamente voy a contar otra que la recuerdo como si la hubiera vivido ayer mismo. Cuando los domingos íbamos a tomar el café, la copita y a echar la partida en la habitación del piso superior, hubo una época, no recuerdo si en invierno o en verano, que estaban muy de moda los famosos polvos pica-pica. El amigo Timoteo entraba en esta habitación, como que le estoy viendo ahora mismo, con una bandeja grandecita en la mano izquierda y en la misma varias tazas de café, copas con su coñac, ginebra, ponche, sol y sombra y vimos la escena ideal para en un viaje de estos, disimuladamente, echarle unos polvos pica-pìca y hacerle estornudar con la bandeja en la mano. Pues ya os podéis imaginar la escena: Timoteo empezó a estornudar y no de una manera suave, las tazas y las copas empezaron a temblar, alguna se cayeron, con mucho esfuerzo consiguió posarla en una mesa, cuando se oyó una voz que le decía: Joder Timoteo, te estás cogiendo un trancazo de cojones. Sí, ya se lo he dicho a Vitoria que me está cogiendo uno bueno, contestaba con dificultad por los estornudos el bueno de Timoteo, limpiándose la nariz y los ojos que parecían se le iban a saltar.
Alguno puede decir: jo, qué mala historia con gastar estas bromas. No hombre, no, eran bromas inocentes que nos hacían reír un poco y que lo mismo que las gastábamos también nos las gastaban a nosotros y muchas veces cuando estábamos estudiando las subasta que teníamos, pedíamos “tiempo” hasta que dejábamos de estornudar y decir: cabrones, ya me habéis echado esa mierda en las narices.

Sigamos con mas bares.

5.- Siguiendo por la calle Puerta del Sol nos encontramos con el edificio donde estuvo el bar de Aurelio Álvaro, y de Nicéfora Álvaro, también despachaba aceite y otros productos y en la parte de abajo tuvo carnicería como ya mentaremos más adelante.

6.- En la Plaza Mayor el Bar de Pablo Pascual y de Adelia Pascual, al principio regentado por el padre de ésta el señor Modesto. También era el estanco del pueblo. De este bar no un libro, una enciclopedia se podía escribir, por algo ha sido un icono de este pueblo juntamente con la bodega  (el almacén), al lado de la carretera, que abría los veranos. Ha sido el bar donde probé por primera vez el chorizo y el lomo curado al humo y no un humo cualquiera sino el procedente de aquel cuarterón verde de tabaco. Eso sí que era salud y no los cigarrillos de ahora que tienen más nicotina y más aditivos que tabaco. A poco que nos pagaran las horas hechas en el bar de Pablo nos hacíamos ricos.

Y de Adelia qué decir, no solo era buena estanquera sino mejor cocineraQué pollos, qué liebres, qué conejos arreglaba en esa cazuela de barro que no se si era o no de Pereruela, pero los guisos estaban extraordinarios. Muchas partidas cayeron en el rincón del bar hasta las dos o las tres o las cuatro de la mañanaNunca había prisa y Pablo tampoco la tenía aunque tuviera que echar de vez en cuando alguna cabezadilla en la mesa de al lado de donde estábamos jugando.

Quizás en otro momento me decida a contar más anécdotas ocurridas en este bar y de las que guardo un entrañable recuerdo y es el día en el que siempre que voy al pueblo añoro el bar de Pablo y la bodega de la carretera.




7.- Y antes de bajar las escaleras laterales al ayuntamiento y en la calleja donde también se encuentra la Peña de la Paleta, al final del todo, y durante unos años estuvo abierto el bar que regentó Merche, la hija de mi prima Pura y de Pepe, y creo que también estuvo su hermano. El bar se encontraba en el piso superior, tenía la barra a la derecha según entrabas.


8.- Si bajamos las escalerillas que van hacia el Arco y haciendo esquina con éste y la calle Pedro Martinez, se encontraba el bar de Jerónimo y de Juliana. Fallecidos ellos le regentó su hijo Jerónimo hasta hace unos años. Tenía el bar según se entraba a la izquierda y a la izquierda el mostrador o barra.
En la parte superior otra habitación donde había varias mesas en la que, sobre todo los domingos, se echaban unas cuantas partidas.


9.- Si bajamos por la calle Pedro Martínez, y a la altura de la puerta de la iglesia nos encontramos con la casa de Martín Blanco y de Juliana Pérez, ya fallecidos, hoy de los hijos y en la que hubo en el piso superior bar y salón de Baile. También de este local guardo gratos recuerdos.


10.- Subiendo por las escaleras laterales de la iglesia accedemos a la calle Nueva y una vez que empieza su bajada hacia las bodegas hace esquina una casa en frente de la casa parroquial que en su día fue otro de los bares con enjundia de este pueblo, era el bar del señor Cándido y de la señora Encarna. 



Se entraba o tenía la puerta en la parte superior y al entrar a la izquierda había una habitación, yo la recuerdo grande y la barra o mostrador en la pared del fondo. Había en esa habitación bastantes mesas de esas de hierro y con mármol blanco, donde las fichas de dominó sonaban que era una maravilla cuando las golpeabas a la hora de ponerlas en la jugada o partida de dominó que por aquellos años se jugaba bastante a este juego.
Este bar se cerró hace muchos años, en el 1957 murió el señor Cándido, joven, con 57 años y creo que se cerró al poco tiempo.

11.- Bajando hasta la carretera, nos encontramos, justo donde empiezan las bodegas, con la que durante muchos años fue también un icono del pueblo, la bodega que Pablo habría todos los veranos. Tenía un pequeño mostrador nada más entrar a la derecha. Según entrabas mesas largas y banco de madera y en la pared frontal la puerta de la bodega de donde sacaba toda la bebida fresquita con ese frío natura de las bodegas.


En estos momentos en que escribo estas líneas estoy viendo bajar a Pablo con una chaquetilla de punto puesta y si el tiempo era caluroso echada sobre los hombros, sobre las doce y media o la una y ya era raro que no hubiera gente esperando su llegada. La partidilla al mus y el vermut no faltaban ningún día y a media tarde un vinillo y si se terciaba pues otra partidilla al mus.
El día que la bodega no se abrió porque la salud de Pablo ya no se lo permitió algo doloroso sucedió en el pueblo y aunque lleva ya cerrada veintitantos años, Pablo murió en el 1988, será rara la vez que paso por esta bodega, hoy un hermoso merendero, y no tenga un recuerdo entrañable de aquella época.

Cuando ya se cerró la bodega, mi hermano Luis le dedicó a Pablo una canción. Ponemos la letra a continuación, naturalmente con el permiso de Isabelita, hija de Pablo.

Tampoco nos costó mucho convencerle para que me la cantara y poder grabarla, así que ahí tenéis la letra y la música de esta canción:




AL CIERRE DEL ALMACEN DE PABLO PASCUAL

Pablito nos has matao
Por no abrir el almacén
Pablito nos has matao
No nos lo vuelvas a hacer.
Pablito nos has matao
Por no abrir el almacén
Pablito nos has matao
Tu nos has crucificao
No nos lo vuelvas a hacer.

Nos causa gran decepción
Ver el almacén cerrado
Nos causa gran decepción
En los meses de verano.

Albergue de toda vida
De un renombre reputado
Albergue de toda vida
Donde el padrón es el Pablo.

Estribillo:

Pablito nos has matao
Por no abrir el almacén
Pablito nos has matao
Tu nos has crucificao
Nos has echado a perder

Momentos incomparables
Pasaos en su compañía
Momentos inolvidables
Nos llenaron de alegría.

Hoy la ruleta ha cambiado
Y en vez de coma es un punto
Nosotros nos resignamos

Y el pueblo viste de luto.


12.- En frente de esta bodega, nos topamos con la primera casa de la carretera donde durante muchos años estuvo el bar del señor Valentín y de la señora Gudelia. Tenía dos entradas, la principal era por la carretera, ya en el portal y por una puerta a la izquierda, se accedía al bar en el que nada más entrar había un pequeño mostrador y después la habitación hacía como una ele, un brazo de la cual iba hacia la derecha en cuya pared había una ventana que daba a la calle o Bajera o final de la calle El Mesón, justo en frente donde en la actualidad se encuentra el monumento al escudo del pueblo.
Todas las tardes había una o dos partidas con solera al subastao. La señora Gudelia hacía un envuelto divino con orujo y moscatel y decía que la cantidad de uno y otro que había que echar era fundamental para que después estuviera bueno,


13.- Seguimos por la carretera y pasado el puente a la derecha está el edificio de Luciano, aún pone, en la pared frontal, “bar” y estuvo abierto unos cuantos, bastantes, años. Calculo que sería hacia 1967 o 1968 cuando lo abrió Luciano. Con el último bocado en la boca después de comer pasábamos rápido para coger mesa y echar una tranquila partida al subastao, con el café, la copa de Magno y una faria de esas buenas de Logroño que sabían, como se suele decir, a teta de novicia.
Pasados unos años pasó a regentarle el Poli, de Antigüedad, después Vidal de la Cruz. Lleva ya bastantes años cerrado.


14.- Finalmente, y en la calle bajera, haciendo esquina frente a la casa de Paciano y de Paula, hoy de los hijos, y en una casa de Laurentino Cejudo y de Pilar Alonso, estuvo la Cantina de la Cierva. Este dato, facilitado por mi hermano Luis, no lo tengo yo registrado en mi cabeza, y por mucho que me he esforzado, no tengo ningún recuerdo de este local. A veces como que quiere llegarme un tenue recuerdo, pero que no logro concretar nada. Por lo que calculo que llevará cerrada desde 1953,1954, o por esos años.


15.- Y para terminar este apartado de bares no puedo dejar de mentar el Salón del Baile de Espinosa de toda la vida, situado en la calle del Campillo Bajo, pasada ya la casa donde vienen los veranos mi prima Sole y Angel, su marido. Hoy en lo que era el Salón tiene Lauren la vivienda, pero creo que en la parte posterior, en un patio que tiene, conserva lo que era el fondo del escenario. Este local ya era harina de otro costal como se suele decir.

Aquí que sea cada uno, a partir de los dieciséis, diecisiete años en adelante, que es cuando se empezaba a ir al baile, quien recuerde en su interior sus recuerdos, sus experiencias, etc., etc. Era el lugar, en aquellos tiempos, que ayudaba a los primeros contactos entre chicos y chicas y estoy convencido que muchas parejas que posteriormente terminaron casándose, tuvieron en este lugar sus primeros encuentros.
Sí recuerdo, era yo muy jovencillo, cuando el señor Sergio Álvaro, padre de Teodomiro, ensayaba a los jóvenes para hacer comedias, que hicieron unas cuantas, y también durante los años 1967,68,69 un grupo de jóvenes, chicos y chicas, hicimos otro tanto.


16.- Por ultimo, no podemos cerrar este apartado sin mencionar el Bar/Centro social que actualmente esta abierto en Espinosa de Cerrato. Se trata de un edificio de propiedad del Ayuntamiento del pueblo que fue inaugurado y abierto por primera vez, el día 12 de Noviembre del año 1993. Por él han pasado diferentes manos desde su apertura hasta el día de hoy.



Con esto damos por terminado el apartado de Bares que ha habido en el pueblo.

En este apartado de Bares de Espinosa de Cerrato, queremos añadir, de modo anecdótico, una parte de un e-mail que nos manda Cesar Vital haciendo una mención nostálgica de los recuerdos que tiene de los bares de Espinosa.

Y asi nos lo cuenta:

"Casi todos los bares adornaban su estantería con botellas llamativas, como las de Rhun Negrita, Licor 43, Fundador, Decano Caballero... con un casillero donde guardaban las barajas de cartas. Debajo del mostrador un barreño con agua era toda la higiene posible por no tener agua corriente.



Comienzan a beberse las bebidas de naranja, limón y cola, Trinaranjus, Kas, cocacola, pepsicola, antes sólo había vino con gaseosa y cervezas por supuesto, la más famosa era de "el León". 
Las gaseosas llegaban de Roa "Guijarro" y de Castrillo de don Juan "la Segadora".





Hay un detalle curioso; en los bares de Espinosa era donde se comenzó a ver la televisión, ya que al principio, (estoy hablando de 1959 en adelante hasta bien entrados los sesenta y muchos) recuerdo que la única televisión del pueblo era la de el Sr. Benito. 
Allí se veían... las obras famosas de nuestro teatro, las películas del Oeste, Bonanza, Sesión de tarde,etc,etc. La televisión se veía con religioso silencio.

También comenzaron a ponerse futbolines y billares sobre todo para los chavales."

Gracias por tu aportación Cesar!

Nosotros queríamos hacer mención a una bebida que antiguamente se pedía mucho y que se la llamaba "jiriguai". No era más que refresco de limón o naranja mezclado con gaseosa.


Si alguien al leer esto se recuerda de algún otro, ve algún dato erróneo o puede completar información que falte sobre alguno de estos establecimientos le rogaríamos nos lo hiciera llegar para ponerlo y que quedara más completo.


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